Recientemente, la Editorial Bahá’í de España, con ocasión de la conmemoración del centenario del fallecimiento de ‘Abdu’l-Bahá, ha publicado el libro “Un clamor por la paz”, que recoge los extremadamente exitosos viajes de éste por occidente, tras ser liberado de su encarcelamiento de más 40 años,

Entre 1911 y 1913 ‘Abdu’l-Bahá emprendió una serie de viajes por Norteamérica y Europa en los que fue invitado a conferenciar para multitud de organizaciones, universidades e iglesias. Desde esos foros defendió la igualdad de géneros, proclamó la unicidad del género humano, levantó su voz contra el racismo y el nacionalismo, clamó sin paliativos a favor de la paz como único medio posible para el progreso humano y llamó a las religiones a unirse y trabajar por la concordia.

‘Abdu’l-Bahá, hijo de Bahá’u’lláh , fundador de la Fe bahá’í, acompañó a su padre desde que tenía 9 años en una serie de destierros por diferentes lugares del entonces Imperio Otomano, hasta su último encarcelamiento en la ciudad prisión de ‘Akka (actualmente Israel)

Tras la Revolución de los Jóvenes Turcos, y ser liberados los presos de conciencia, ‘Abdu’l-Bahá, como cabeza de la comunidad bahá’í, pudo realizar los viajes que le llevaron a Norteamérica, Canadá, Reino Unido, Francia, etc., dando a conocer la propuesta de la
Fe bahá’í para abordar problemas tales como el racismo, la desigualdad
de género, la paz y el desarme, la unidad de la religión, etc,, temas todos ellos íntimamente relacionados con el establecimiento de la paz mundial, en foros tan diversos como universidades, iglesias, sinagogas, sociedades científicas, pacifistas, y entrevistas con premios Nobel, filántropos e incluso con el vicepresidente de los Estados Unidos..

La vida de ‘Abdu’l-Bahá, se enfocó principalmente en asuntos humanitarios. Su humildad; su amor a todas las gentes; su constante cuidado y preocupación por los pobres, los enfermos y los desamparados; y su respecto por la dignidad humana, su amor fraternal por las personas de cualquier nacionalidad, raza o religión, caracterizaron su dedicación permanente al ideal de servicio a los demás. Fue nombrado Caballero por el Gobierno británico en 1920 por alimentar a los necesitados y evitar la hambruna en Palestina durante la Primera Guerra Mundial. Cuando falleció en 1921, miles de personas de todos los credos participaron en su funeral.

El libro puede solicitarse a la Editorial Bahá’í de España.

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